“Dame hijo mío tú corazón y miren tus ojos por mis caminos.” Prov. 23:26
La imagen del padre para un hijo es la que modela el concepto de Nuestro Padre Celestial. De allí que impactará definitivamente su relación con Dios. Es por eso que nuestro enemigo ataca tanto la paternidad.
El patriarca bíblico es diseño original de Dios y primer contacto con su autoridad delegada, una autoridad amorosa, sacrificial y servicial que guía con el ejemplo y protege activamente, una autoridad que prepara y provée para los suyos. En Filipenses 2 vemos a Jesús como ejemplo de siervo.
En nuestro continente especialmente, este modelo bíblico se ha desvirtuado y se ataca el patriarcado por considerarse tóxico y con razón... Tristemente en medio de la Iglesia el modelo secular de autoridad abusiva, ausente, egoísta e irresponsable también abunda. Pero sí existen excepciones, a Dios gracias y confiamos en que Dios seguirá perfeccionando padres y madres conforme a su corazón.
Si bien la Palabra de Dios no prohibe que el padre delegue parte de la enseñanza a otros, sí es clara en cuanto a que somos los padres los que daremos cuenta a Dios por ellos. Entonces se requiere discernimiento para que el Espíritu nos muestre a quien y en qué medida es sabio delegar qué. Porque debemos ser conscientes de que al delegar estamos cediendo a otros lo que Dios otorgó como privilegio de padres a hijos:
-Intimidad
-Identidad
-Influencia
-Visión
-Protección
-Dirección
-Vínculo
-Propósito
-Legado de fe
Para aquellos que no tienen esa autoridad en casa por distintos motivos, Dios hace habitar en familia al desamparado y le ha provisto un liderazgo y lazos de familia espiritual: El Cuerpo de Cristo que por Su Espíritu es capaz de suplir toda carencia y necesidad, nadie debe vivir como huérfano sin autoridad ni identidad. Romanos 13.
¡Glorificamos a Dios por su provisión!
Gracia y Paz en Cristo,
Nohemí Quero de Legorreta
